• Miopía: Los pacientes miopes no pueden ver bien de lejos aunque sí ven bien en distancias cortas. La causa habitualmente es un ojo de tamaño más largo del habitual, motivo por el cual la miopía no puede ir a menos.
    Lo más frecuente es que la miopía se detenga con el crecimiento, alrededor de los 20 años. Pero existen miopías que continúan aumentando a lo largo de los años.
  • Hipermetropía: Al contrario que la miopía, se trata de un ojo más corto de lo normal. Los jóvenes hipermétropes son capaces de ver bien a todas las distancias, eso sí, a costa de un aumento en la acomodación que puede acabar provocando dolores de cabeza y otros síntomas a nivel ocular.
  • Astigmatismo: Es un defecto refractivo que se produce, fundamentalmente, a nivel de la córnea. Ésta, al no ser perfectamente esférica, provoca que las imágenes caigan en distintos planos de la retina, perdiendo así la nitidez de la imagen.

 

  1. Cirugía refractiva con láser
    Es la técnica más popular. Se trata de producir un “moldeado” en la cara anterior de la córnea con un láser para así corregir cualquier defecto refractivo, ya sea miopía, hipermetropía y/o astigmatismo.
  2. Cirugía refractiva con lente intraocular
    Para graduaciones más altas, en las que la córnea no soportaría un moldeado tan alto tenemos esta opción. Se trata de introducir en el ojo una lente intraocular. Lo más frecuente es que introduzcamos una lente en la cámara posterior que queda alojada en el espacio que existe entre la cara posterior del iris y la cara anterior del cristalino.